Aristóteles-Metafísica(descarga gratis)

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La obra empieza con la famosa frase de Aristóteles: “El hombre desea por naturaleza saber” y, a partir de aquí, empieza a indagar en qué consiste el saber, la sabiduría. Ésta se inicia por los sentidos, especialmente, por la vista. Todos los animales nacen dotados de sensación, y en algunos, las sensaciones engendran memoria. Éstos serán más prudentes y aptos para aprender.

Además de la memoria, los seres humanos poseen el arte y el razonamiento; y en ellos, la repetición de un recuerdo genera la experiencia (de la experiencia nacería el arte, y de la inexperiencia el azar). El arte surge cuando de muchas observaciones experimentales surge una noción universal sobre los casos semejantes, de manera que la experiencia es el conocimiento de las cosas singulares, y el arte de las universales. La experiencia es más útil para la vida, porque en ella todo se refiere a lo singular, y el arte requiere saber aplicarse a cada caso.

Fuente: rincondelvago.com

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Fenomenología del Espíritu_ Hegel(descargar gratis)

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Georg Wilhelm Friedrich Hegel

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Filósofo alemán nacido en Stuttgart, actual Alemania, en 1770.Estudió primero en el instituto de su ciudad natal, y entre 1788 y 1793 siguió estudios de teología en Tubinga, donde fue compañero del poeta Hölderlin y del filósofo Schelling, gracias al cual se incorporó en 1801 como docente a la Universidad de Jena, que sería clausurada a la entrada de Napoléon en la ciudad (1806).

Al tiempo que se introducía en la obra de pensadores como Schiller, Herder, Lessing y Kant, Hegel compartió con sus compañeros el entusiasmo por la Revolución Francesa. Aunque al principio se hallaba muy próximo al idealismo de Fichte y Schelling, a medida que fue elaborando su propio sistema filosófico, ya profesor en la Universidad de Heidelberg (1816-1818) y luego en Berlín (1818-1831), se alejó progresivamene de ellos.

El propio Hegel calificaba el idealismo de Fichte de «subjetivo», el de Schelling de «objetivo» y el suyo como «Absoluto» para denunciar la incapacidad de éstos para resolver la contradicción, tarea que para él constituía el objetivo último de la filosofía: «La supresión de la diferencia es la tarea fundamental de la filosofía».

No en vano el de Hegel es el último de los grandes sistemas concebidos en la historia de la filosofía. La «contradicción» significa aquí el conjunto de oposiciones que había venido determinando la historia de las ideas desde el pensamiento clásico: lo singular y lo universal, la Naturaleza y el Espíritu, el bien y el mal, etc. La superación de la contradicción debe llevarse a cabo a partir del pensamiento «dialéctico», cuyas fuentes están en Heráclito y en Platón.

Si la filosofía alemana del momento se hallaba dominada por el concepto kantiano de noúmeno, que establecía el límite más allá del cual el conocimiento no podía avanzar, para Hegel «la filosofía tiene que dejar de ser “tendencia” al saber para ser un efectivo y pleno “saber”, para ser ciencia (Wissenschaft)». Hegel parte de la realidad como un todo (monismo) compuesto por partes integrantes cuyo sentido sólo puede ser aprehendido por remisión a la totalidad en la que se inscriben.

Pero, a diferencia de sus antecesores, concibe una totalidad dinámica: cada cosa llega a ser lo que es en el seno de un continuo devenir, un proceso que es producto de la diferencia, del carácter constitutivamente contradictorio del ser. El movimiento esencial del ser es dialéctico, por cuanto expresa la pugna interna entre las partes para reducir su oposición a unidad. Dado que el pensamiento debe aprehender una realidad en movimiento, Hegel desarrolla una lógica que permite conocer el ser (el Absoluto) sin excluir el devenir y el cambio.

De ahí que su sistema sea dialéctico, por cuanto intenta concebir lo concreto desde el interior de lo absoluto, que se manifiesta como tal en la oposición a lo concreto y en su negación. Por ello, la «negatividad» es un concepto central en el sistema hegeliano, pues explica el devenir de cada objeto en su contrario, y la resolución de ambos en una nueva figura que a su vez será negada; al final del proceso, la esencia del Absoluto se revela como pura negatividad, es decir, como la ausencia (o mejor la negación) de cualquier determinación.

Al contrario de lo que sucede en otros sistemas, el Absoluto de Hegel se da como lo concreto, como suma de todos los momentos del proceso a la vez que como su resultado, superando la vaguedad de la abstracción, que constituye un momento del todo. La distinción entre sujeto y objeto resulta también superada («Todo lo racional es real y todo lo real es racional»), pues la historia del proceso de revelación del Absoluto (el Espíritu), que Hegel desarrolla en su Fenomenología del Espíritu, se da como proceso de autoconocimiento del propio Absoluto. La historia de los hombres es la expresión de un conflicto que tiende a desaparecer, marcado por un fin –telos– que consiste en la reducción de la diferencia a identidad absoluta.

Fuente: Biografías y Vidas.

Descubrir la filosofía. Colección. 30 tomos, pdf.

Las obras de los grandes pensadores son sin lugar a dudas un hito ineludible en la historia de la cultura. Pero son también mucho más que eso. Representan una invitación permanente a la reflexión y el pensamiento crítico, pues en ellas se plantean las cuestiones fundamentales a las que, de una forma u otra, todo ser humano debe responder: qué es la verdad, qué es el bien, en qué consiste la realidad, cómo debo actuar.

Las obras contienen el contexto biográfico, histórico y cultural del pensamiento y obra de cada autor. Además, poseen explicaciones detalladas sobre las doctrinas filosóficas ilustradas con ejemplos cotidianos y próximos. Cada uno de los libros presenta definiciones de los términos técnicos, con recuadros con anécdotas y curiosidades.

Un proyecto desarrollado bajo la dirección de Manuel Cruz, con la participación de divulgadores y de grandes especialistas de la talla de C. Ulises Moulines, Víctor Gómez Pin y Miguel Morey, entre otros. Con citas e indicaciones bibliográficas para profundizar y saber mucho más.

Fuente: http://promocionesycolecciones.com/coleccion-biblioteca-descubrir-la-filosofia-con-el-pais/

Tomos:

1 PLATÓN, E. A. DAL MASCHIO
2 NIETZSCHE, TONI LLÁCER
3 KANT, JOAN SOLÉ
4 ARISTÓTELES, P. RUIZ TRUJILLO
5 SAN AGUSTÍN, E. A. DAL MASCHIO
6 DESCARTES, JAUME XIOL
7 MARX, JOSÉ MANUEL BERMUDO

8 SCHOPENHAUER, JOAN SOLÉ
9 MAQUIAVELO, IGNACIO ITURRALDE
10 LOCKE, SERGIO AGUILAR
11 ROUSSEAU, ROBERTO R. ARAMAYO
12 PITÁGORAS, VÍCTOR GÓMEZ PIN
13 FREUD, MARC PEPIOL
14 KIERKEGAARD, JOAN SOLÉ
15 ORTEGA Y GASSET, C. J. GONZÁLEZ SERRANO
16 HUME, GERARDO LÓPEZ SASTRE
17 PASCAL, ANNA PUNSODA

18 DE OCKHAM A SANTO TOMÁS
19 HEGEL, VÍCTOR GÓMEZ PIN
20 SPINOZA, JOAN SOLÉ
21 WITTGENSTEIN, CARLA CARMONA
22 CÍNICOS, ESTOICOS Y EPICÚREOS, TONI CARDONA
23 ARENDT, CRISTINA SÁNCHEZ
24 HEIDEGGER, ARTURO LEYTE
25 HOBBES, IGNACIO ITURRALDE
26 HABERMAS, MARÍA JOSÉ GUERRA
27 FOUCAULT Y DERRIDA, MIGUEL MOREY
28 POPPER Y KUHN, C. ULISES MOULINES
29 LEIBNIZ, CONCHA ROLDÁN
30 HUSSERL Y GADAMER, MIGUEL GARCÍA-BARÓ 

Enlaces arreglados(11/4/2016)

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Historia de un buen brahmín.

En el curso de mis viajes tropecé con un viejo brahmín, hombre de muy buen juicio, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y por lo tanto su juicio era aún mejor; pues, al no carecer de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esforzaban por complacerlo; y cuando no se distraía con mujeres, se ocupaba de filosofar.

Cerca de su casa, que era bella, bien adornada y rodeada de jardines encantadores, vivía una vieja india beata, imbécil y bastante pobre.

Cierto día el brahmín me dijo:

-Quisiera no haber nacido.

Le pregunté por qué. Me respondió:

-Hace cuarenta años que estudio, y son cuarenta años perdidos; enseño a los demás y yo lo ignoro todo: esta situación hace que mi alma se sienta tan humillada y asqueada que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios, y no tengo ni la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso, y jamás he podido llegar a saber lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza como cojo las cosas con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mi pensamiento, sino que incluso el principio de mis movimientos me es igualmente ignorado: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días me hacen preguntas acerca de todos esos mundos; y hay que responderlas; no tengo nada interesante que decir; hablo mucho, y después de haber hablado me quedo confuso y avergonzado de mí mismo.

“Lo peor es cuando me preguntan si Brahma fue producido por Visnú o si los dos son eternos. Dios es testigo de que no sé ni una palabra de todo eso, y bien que se ve por mis respuestas. ‘¡Ah, reverendo padre! (me dicen), explícanos cómo el mal inunda toda la tierra.’ Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo que será de mí.”

El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.

Aquel mismo día vi a la vieja que vivía cerca de su casa; le pregunté si alguna vez se había sentido afligida por no saber cómo estaba hecha su alma. Ella ni siquiera comprendió mi pregunta: en toda su vida nunca había reflexionado ni un momento acerca de una sola de las cuestiones que torturaban al brahmín; creía con toda su alma en las metamorfosis de Visnú, y con tal de poder tener de vez en cuando agua del Ganges para lavarse, se consideraba la más feliz de las mujeres.

Impresionado por la dicha de aquella pobre mujer, volví a visitar a mi filósofo y le dije:

-¿No le avergüenza ser desgraciado cuando a su puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada y que vive contenta.

-Tiene usted razón -me respondió-; cien veces me tengo dicho que yo sería feliz si fuese tan necio como mi vecina; sin embargo, no quisiera semejante felicidad.

Esta respuesta de mi brahmín me produjo mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo y vi que, en efecto, no quisiera ser feliz a condición de ser imbécil.

Propuse el dilema a unos filósofos, que fueron de mi misma opinión.

Y no obstante -decía yo-, hay una escandalosa contradicción en esta manera de pensar; porque, al fin y al cabo, ¿de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué importa tener talento o ser necio? Todavía hay más: los que están satisfechos de cómo son, están muy seguros de estar satisfechos; los que razonan, no están tan seguros de razonar bien. Está, pues, bien claro -decía yo- que habría que aspirar a no tener sentido común, por poco que este sentido común contribuya a nuestra infelicidad. Todo el mundo fue de mi parecer, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para vivir contento. De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aún apreciamos más la razón.

Pero, después de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razón a la felicidad es ser muy insensato. ¿Cómo, pues, puede explicarse esta contradicción? Como todas las demás. Hay aquí materia para hablar muchísimo.

Voltaire.