El surrealismo.

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Es una de las vanguardias (o ismos) de los primeros años del siglo XX, un poco posterior a las demás, ya que surge en la tercera década del siglo XX y, comprende múltiples manifestaciones artísticas y culturales, puesto que en la literatura lo practican autores como Paul Eluard o Louis Aragon, en el cine directores como Luis Buñuel, y también impregna la moda, el teatro, la publicidad, etc.

En la Historia del Arte se encuentran antecedentes del surrealismo o actitudes estéticas precursoras de este, en artistas como El Bosco, Blake o Goya, que tienen en común el rechazo a la lógica y a la razón, al tiempo que recrean un mundo imaginario y fantástico, donde las imágenes parecen surgir del mundo irracional y absurdo de los sueños, en los que todo tipo de asociación, figura y forma es posible.

Pese a estos antecedentes, el surrealismo como movimiento de vanguardia, surge a partir del “Manifiesto Surrealista” de Andre Breton en el año 1924. Para explicar sociológicamente el surrealismo se alude a la misma realidad de la guerra que provoca una crisis en las conciencias europeas, lo que incita a una parte de los individuos de la época a cuestionarse la realidad existente. A esto, hay que unir las teorías de Freud sobre el subconsciente y el psicoanálisis y su relación con la personalidad humana. A Breton se le ocurrió que las ensoñaciones y las asociaciones verbales automáticas podían ser también métodos de creación estética. Así el surrealismo trata de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos soterrados por la consciencia y la razón.

Dentro de las artes plásticas, no es un movimiento unitario, ya que cada pintor sigue una vía personal, pese a lo cual los artistas surrealistas tienen en común una serie de características, como es el rechazo a la lógica racional, la preocupación por lo onírico, el subconsciente y lo fantástico, las referencias eróticas, el usar una temática que desborda los limites de la realidad (animando lo inanimado, captando las metamorfosis, representando maquinas fantásticas, usando símbolos, etc.) y el recurso a la desorientación, ya que los objetos carecen de su significado convencional. En cuanto a las técnicas practicadas, usan tanto el collage, como el frottage (efecto conseguido por las rozaduras de unas superficies contra otras), o el “cadáver exquisito” (obra colectiva de imágenes en las que ninguno de los artistas veía lo que habían hecho los demás), el automatismo, la decalcomanía, etc. En ocasiones utilizan profusamente un tipo de perspectiva, conocida como la perspectiva cónica, que exacerba la sensación de lejanía y permite plasmar horizontes muy lejanos, como ocurre en la obra de De Chirico, por ejemplo. Otro de los elementos favoritos de muchos artistas del movimiento es el jugar con imágenes de doble sentido, como ocurre con Salvador Dalí o Rene Magritte, fundamentalmente.

Dentro del surrealismo destacan dos variantes, el Surrealismo Figurativo, cuyo máximo representante fue Salvador Dalí, aunque también lo ejercieron pintores como Magritte, Max Ernst, Tanguy, Delvaux y De Chirico, y el Surrealismo Abstracto, representado por Joan Miro, Masson o Klee.

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